Emigrante Veracruzano

Espacio abierto al diálogo entre las veracruzanas y veracruzanos que viven en otro Estado de la República, en otro país o en una ciudad que no es su lugar de origen dentro del mismo Estado de Veracruz. Espacio igualmente abierto para los familiares que esperan el regreso de los que emigraron y académicos estudiosos del fenónemo de la migración entre los veracruzanos.

sábado, julio 15, 2006

Al calor de la cocina

Las computadoras irlandesas no tienen la letra que sigue de la N. Ándenle, esa mera la N con bigote. Por eso no puedo escribir algunas palabras tal como quisiera hacerlo. Así que aunque suene raro escribo, “ya hace casi un ano”; pero bueno, al final creo que observando el contexto en el que las palabras aparecen, me entenderán. Y lo que quiero decirles es que “ya hace casi un ano que los EXTRANO”.

Sí, extrañaba a mis padres, a mis hermanos y a mis amigos; pero extrañarlos no era lo único que hacía en Irlanda. Por las mañanas trabajaba en O’farrell’s; cambiaba sábanas, aspiraba los cuartos, limpiaba los baños. El señor O´farrell estaba contento con mi trabajo y yo estaba contento siendo personal de limpieza, limpiando excusados con mi título universitario.

Varias tardes a la semana hacía hamburguesas y pechugas de pollo a la plancha en Dino’s. También alguna vez me encargaba de freír papas a la francesa o lavar platos y cacerolas. En O’farrell’s no tenía compañeros de trabajo, pues la posada era tan pequeña que una sola persona en tres horas podía limpiarla toda. Pero en Dino’s, que era un restaurante de comida rápida justo en la plaza central del pueblo, había trabajo para más de diez personas. Sólo en la cocina había siempre cuatro personas. El cocinero, su ayudante, el lavaplatos y el encargado de la parrilla. Con excepción del cocinero, su ayudante y un par de meseras, todos los demás no éramos irlandeses.

La mayoría eran franceses, pero también había de vez en cuando un checo, unos españoles, unos polacos y un mexicano. Las meseras irlandesas se desesperaban de que muchos de los trabajadores franceses de la cocina no entendieran todo lo que ellas les decían; y de pronto se portaban hoscas y descorteses. Yo empecé a llevarme muy bien con Frank y Matieu, y desempolvé las pocas palabras en francés que conocía. Ellos hicieron lo mismo con el español que habían aprendido en la escuela y muy pronto, empezamos a hablar en una mezcla de francés y español.

Aprovechando nuestro lenguaje privado, se cobraron las malas caras y los malos modos de las meseras irlandesas diciéndoles toda clase de insultos, que aunque ellas no entendían, a ellos les servía de diversión y desahogo... y a mí me hacían muy amenas las tardes.


1 Comments:

At 10:34 a.m., Blogger Alma said...

Fransañol?? Espacens?? Dios como se le dice a esa mezcla...?

Saludos.

 

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